
Desde las alturas de la sierra peruana hasta el alma de Rancagua, “Me Sabe a Perú” es un viaje de sabores y memorias, donde cada plato cuenta una historia, cada sazón honra a los ancestros y cada comensal es recibido como parte de la familia.
Por: Exequiel Aleu Monasterio
En el casco histórico de Rancagua, a solo pasos de la Plaza de los Héroes, ha nacido un rincón del Perú profundo. Un espacio donde el aroma, el sabor y la historia se entrelazan con la calidez de una familia que ha hecho de la gastronomía su misión cultural. Hablamos de “Me Sabe a Perú”, el restaurante que no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma.

Fiorela Joice Llana Castro, limeña de nacimiento, criada en Huancayo —la sierra andina— nos recibe con una sonrisa firme y una convicción clara: “No quiero que la gente venga solo a comer rico, quiero que se lleven un pedazo del Perú en el corazón”. Y lo logra. Porque detrás de cada plato hay una historia: de lucha, de amor, de migración y de herencia.

Desde hace 4 años están presentes en el Patio Astorga (Astorga 215), pero hoy celebran con orgullo su nuevo local en Estado 409, a una cuadra de la plaza de armas de Rancagua. La propuesta es simple pero poderosa: sabores auténticos, precios accesibles y una atención que nace desde el cariño familiar. Fiorela y su esposo Jhon —ambos jóvenes emprendedores— cocinan con alma, sin terciarizar, porque para ellos, la calidad no se negocia.

El menú es una experiencia viva. Del ceviche con pescado del Pacífico a la “Causa Limeña” cuyo nombre no surge del azar. Este emblemático preparado de papas amarillas, ají, limón y proteína nació en tiempos de guerra por la independencia del Perú. En medio de la escasez, fueron las mujeres —las llamadas rabonas— quienes, con ingenio y entrega, preparaban este alimento sencillo pero poderoso para alimentar a los reservistas. Lo servían diciendo: “Por la causa”, y así, entre manos solidarias y bocas hambrientas, se bautizó un plato que hasta hoy honra la valentía de un pueblo.

El ceviche, emblema de la gastronomía peruana y Patrimonio Cultural de la Nación, también ocupa un lugar estelar en “Me Sabe a Perú”. Pero aquí no se trata solo de limón y pescado: se trata de geografía, migración y adaptación. Desde el ceviche marino con jurel o bonito en Lima, hasta el de trucha en la sierra o paiche en la selva, este plato cambia con el territorio y la historia. Incluso en Chile ha encontrado una nueva forma de expresarse: en Rancagua, Fiorela y su equipo han adaptado el picor tradicional al gusto local, sin perder la esencia del sabor fresco y vibrante que define al ceviche. Es una mixtura viva, con raíces precolombinas, toque español, ajíes traídos por los árabes, cebolla europea y el sello único de una tradición que evoluciona, pero nunca se olvida.

Y si de dulzura histórica se trata, el suspiro de limeña ocupa un lugar especial. Creado en el siglo XIX por Amparo Ayarza, esposa del escritor José Gálvez Barrenechea, este postre suave y cremoso fue presentado a la alta sociedad limeña sin nombre alguno. Al probarlo, su esposo exclamó: “Es tan dulce como el suspiro de una limeña”, y así quedó inmortalizado. No es un simple postre; es un símbolo de época, de poesía convertida en sabor, que en “Me Sabe a Perú” se sirve con la misma ternura que lo vio nacer.
Cada plato tiene algo que contar. Y cada comensal, sin importar si llega con $6.000 o con $25.000, es tratado con el mismo respeto y cariño, porque aquí la comida es un acto de gratitud, fe y resistencia.

En su cocina conviven chefs del Callao, de la sierra, de distintas regiones del Perú. Y es que como dice Fiorela, “la gastronomía peruana es mezcla, es mestizaje, es migración; es la historia de nuestros ancestros servida en un plato”.
Hoy, “Me Sabe a Perú” no solo representa una propuesta gastronómica diferente, sino también un acto de amor por sus raíces y por esta tierra que los ha recibido. Con platos que respetan el paladar chileno —como la reineta con bechamel y champiñones— y otros que nos invitan a atreverse a probar, a descubrir, a viajar sin moverse de la mesa.

Y por si faltara algo más para tentarte: si llegas mencionando esta nota, Fiorela te regala con gusto una Inca Kola, la bebida dorada que también sabe a historia.
Visítalos en:
Dirección 1: Estado 409 (esquina O’Carrol), a una cuadra de la plaza de Los Héroes.
Dirección 2: Astorga 215, Patio Astorga.
Instagram y TikTok: @mesabeaperurancagua
WhatsApp: +56 9 7657 1748 | +56 9 3220 2343
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