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CHILE ANTE UN PUNTO DE QUIEBRE: NO CUALQUIER CAMBIO, SINO UNO INEVITABLE

CHILE ANTE UN PUNTO DE QUIEBRE NO CUALQUIER CAMBIO SINO UNO INEVITABLE

Contenido editorial por: Exequiel Aleu Monasterio – RancaguaTV


 

Mientras Chile se prepara para un nuevo ciclo electoral, hay una sensación que atraviesa barrios, ferias, microempresas, trabajadores y también a quienes intentan emprender: algo no está funcionando y hace rato que dejó de funcionar. Y lo más inquietante es que, aunque llevamos más de tres décadas de democracia, pareciera que avanzamos como país en piloto automático, sin una dirección clara, sin convicción y sin un horizonte compartido.

Porque seamos honestos: Chile está estancado. Y no por falta de talento, ni de ganas, ni de capacidad.

Está estancado porque el Estado se volvió pesado, lento, burocrático, atrapado en trámites infinitos que no fortalecen ni al ciudadano ni a las ciudades. Está estancado porque la política está secuestrada por grupos que hablan de igualdad pero viven una realidad completamente distinta, defendiendo ideas que ya demostraron, en su aplicación real, que no funcionan. Y está estancado, también, porque la confianza se quebró. Se quebró cuando los mismos que prometían probidad terminaron siendo los protagonistas de escándalos, mal manejo de recursos y decisiones que dejan más dudas que certezas.

Y eso, guste o no, se siente en la calle.

Los negocios abren y cierran a los pocos meses. No porque la gente no quiera trabajar, sino porque no hay circulante, no hay flujo, no hay impulso económico. El país dice “crecemos”, pero en la vida real ese crecimiento no llega a los bolsillos de nadie. En la esquina, en la feria, en la pyme, la realidad es otra: hay miedo a endeudarse, miedo a emprender, miedo a fracasar.

A eso se suma otro elemento que nadie quiere discutir con honestidad:
la migración desordenada.
No la migración en sí —que puede enriquecer cultural y económicamente a un país— sino la falta total de reglas claras, de control, de integración real. La percepción de desigualdad aumenta cuando un ciudadano siente que compite por oportunidades básicas, que los sistemas no responden, y que la convivencia se vuelve tensa porque no ha existido un proceso responsable de integración ni de ordenamiento. Esa es la necesidad urgente: orden, reglas claras, derechos y deberes para todos por igual.

Chile está parado en un punto complejo:
– una economía que no despega,
– instituciones fatigadas,
– un sistema político desconectado,
– inseguridad y temor cotidiano,
– y una ciudadanía que siente que siempre queda para el final de la fila.

Por eso lo que se avecina no es un cambio cualquiera.
Es un cambio que definirá si seguimos atrapados en la inercia o si por fin nos atrevemos a exigir un país que funcione, que ordene sus prioridades, que recupere el sentido común y que vuelva a poner a los chilenos —y a quienes viven aquí de manera regular, respetuosa y aportando— al centro del proyecto nacional.

El debate no es izquierda o derecha.
El debate es eficacia o ineficacia.
Orden o desorden.
Responsabilidad o voluntarismo ideológico.
Futuro o estancamiento.

Chile merece un país que vuelva a creer en sí mismo.
Y ese debate, tarde o temprano, nos va a alcanzar a todos.

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