
Si antes las encuestas daban por ganador a Daniel Jadue —hoy imputado e inhabilitado—, ¿por qué deberíamos creer ahora en los números que favorecen a Jeanette Jara?
En las últimas horas, diversos medios han difundido encuestas que sitúan como favorita a la ministra Jeanette Jara en la carrera presidencial. Estos sondeos, elaborados por operadores estrechamente vinculados a la actual administración y al sector político gobernante, intentan instalar la idea de que la ciudadanía ya habría escogido su próxima carta presidencial. Sin embargo, la memoria reciente nos obliga a poner en duda la veracidad y el real impacto de estas cifras.
No es la primera vez que se repite este libreto. Las mismas encuestadoras que hoy dan como ganadora a Jara fueron las que, en su momento, presentaban a Daniel Jadue como la carta más sólida de la izquierda. Las proyecciones lo daban como favorito indiscutido. ¿Y qué ocurrió? Hoy Jadue enfrenta un complejo escenario judicial: fue formalizado por estafa, fraude al fisco reiterado, administración desleal, cohecho y delito concursal en el marco de las irregularidades de la Asociación Chilena de Farmacias Populares (Achifarp). Se encuentra bajo arresto domiciliario total y recientemente el Tribunal Calificador de Elecciones lo excluyó del padrón electoral, impidiéndole postular a cargos como diputado. Además, mantiene una condena confirmada por la Corte Suprema, que lo obliga a devolver más de 56 millones de pesos al fisco.
Ese contraste desnuda un hecho evidente: las encuestas no son más que un instrumento político, moldeado por quienes buscan instalar candidatos en la opinión pública, aunque luego la realidad —y en este caso la justicia— demuestre lo contrario. La ciudadanía ya ha aprendido a desconfiar de estas mediciones, entendiendo que muchas veces se usan como herramientas de manipulación y no como verdaderos termómetros sociales.
Hoy intentan repetir la misma fórmula, esta vez con Jeanette Jara como protagonista. Pero el electorado, más informado y crítico que antes, no se deja convencer tan fácilmente por números que, al igual que en el pasado, podrían terminar siendo humo.
La verdadera encuesta se vive en las calles, en la desconfianza hacia las élites políticas, en la indignación ante los casos de corrupción y en la búsqueda de liderazgos distintos a los que este gobierno y sus operadores quieren imponer. Y esa realidad, más temprano que tarde, será la que defina el rumbo del país, por encima de cualquier gráfico manipulado o cifra maquillada.
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