Con el FUAS abierto hasta el 22 de octubre y la PAES a menos de dos meses, miles de estudiantes utilizan herramientas como ChatGPT para orientarse en la elección de una carrera. Expertos en orientación vocacional analizan sus aportes y advierten sobre los límites de recurrir a la inteligencia artificial para tomar esta decisión.
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana en Chile: el 69% declara utilizarla, frente al 49% del año anterior, según Cadem. A su vez, un 34% cree que la IA llegará a tomar decisiones por las personas, como qué carrera estudiar, qué pareja elegir o qué hacer con el dinero. En tanto, el 81% de los estudiantes de primer año de la Universidad de Chile declaró haber utilizado IA, principalmente la versión gratuita de ChatGPT.
Su uso como herramienta para apoyar decisiones de carrera también responde a una necesidad práctica: Mi Futuro, del Ministerio de Educación, reúne información sobre más de 10 mil programas de educación superior, un amplio universo de opciones que los estudiantes deben explorar y comparar.
“La inteligencia artificial puede ser una gran aliada para ordenar información: comparar duración, aranceles o empleabilidad de varias carreras en minutos. El problema aparece cuando se le pide algo que no puede saber, como qué disfruta realmente un estudiante o en qué tipo de tareas se desenvuelve mejor”, afirma Susana Valenzuela, cofundadora de Edumetrics.
El límite, según los expertos, está en que un chatbot no puede reemplazar una orientación vocacional personalizada: no conoce el historial académico del estudiante, sus habilidades, la situación económica de su familia ni la oferta disponible en su región. Además, sus respuestas dependen en gran medida de cómo se formula la pregunta.
“Una buena decisión vocacional se construye cruzando intereses, habilidades y contexto. Si el estudiante parte de una idea poco clara o de la presión de otros, la respuesta de la IA tiende a confirmar ese mismo punto de partida, y eso puede dar una falsa sensación de certeza”, señala Sergio Gómez, coach vocacional de Edumetrics.
A estos límites se suma un riesgo menos visible: una respuesta puede sonar segura sin ser correcta. Un estudio internacional de la consultora LLYC, que analizó 9.600 respuestas de cinco modelos de IA —entre ellos ChatGPT— dirigidas a jóvenes de 16 a 25 años en 12 países, encontró que las recomendaciones vocacionales variaban según el género: a las mujeres las orientaban un 75% más hacia la salud y las ciencias sociales, mientras que a los hombres hacia la ingeniería, el liderazgo y la resolución de problemas.
“Estas herramientas aprenden de textos que ya contienen sesgos, y pueden reproducirlos sin que quien consulta lo advierta. A eso se suma que pueden entregar información desactualizada o incorrecta sobre ponderaciones, vacantes o aranceles, que cambian cada año y según la institución. Por eso conviene tomar lo que responden como una hipótesis de trabajo: contrastarla con fuentes oficiales y conversarla con alguien que conozca al estudiante”, agrega Valenzuela.
En ese sentido, los especialistas plantean que estas herramientas pueden servir como punto de partida para:
- Conocer cómo es el día a día de una profesión.
- Comparar carreras afines y sus principales diferencias.
- Preparar preguntas para una feria vocacional y luego contrastar la información con fuentes oficiales como Mi Futuro o el DEMRE.
“La tecnología puede ampliar el mapa de opciones, pero la decisión sigue siendo personal. Lo importante es que el estudiante termine este proceso conociéndose mejor, y no solo con el nombre de una carrera que le sugirió una pantalla”, concluye Sergio Gómez, coach vocacional de Edumetrics.
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