En una esquina de Rancagua, Nibaldo Alexander Palma levantó desde cero un negocio de comida al paso que hoy lleva cerca de cinco años atendiendo a trabajadores y vecinos. Su propuesta combina precios accesibles, productos frescos y un ingrediente que, según su fundador, no aparece en ninguna receta: el sabor de la comida casera y el cariño de la familia.
Por: Exequiel Aleu Monasterio/ RancaguaTV
RANCAGUA.— Muchos emprendimientos nacen de una necesidad. Esta es la historia de La Picá Donde el Mariano, un negocio familiar que nació en tiempos difíciles, se ganó un lugar en el barrio y que hoy busca algo tan sencillo como fundamental: la oportunidad de formalizarse, trabajar tranquilo y seguir creciendo junto a su comunidad.
Después de quedar sin trabajo durante la pandemia, Nibaldo Alexander Palma decidió buscar una alternativa para sostenerse. Primero fue un carro de mote con huesillo instalado en una esquina de Rancagua. Con el tiempo, los propios clientes comenzaron a sugerirle una nueva posibilidad: faltaba algo para comer.
La idea de vender sándwiches comenzó a tomar forma y, poco a poco, aquel pequeño punto de venta se transformó en su principal fuente de trabajo. Hoy, aproximadamente cinco años después, Nibaldo no solo vive de este emprendimiento: también genera trabajo para otras dos personas y mantiene una dinámica comercial estrechamente vinculada con los negocios del sector.

“Mi abuela era una buena cocinera, mi mamá, mi tía, la que trabaja conmigo. Yo creo que heredé eso también de ellas, el sazón casero de lo que es la cocina, y lo traje aquí a la calle”, cuenta.
Esa herencia familiar es, para Nibaldo, una de las claves de la propuesta. La apuesta no es competir únicamente por precio, sino ofrecer comida al paso con una preparación que conserve algo de la cocina de hogar.
“Es fácil hacer un completo, pero cuando lo hacís con ese cariño de la casa queda diferente”, explica.
La propuesta de La Picá tiene una premisa sencilla: que comer algo rico no tenga que convertirse en un lujo.
Por eso, el negocio ha construido su oferta pensando principalmente en quienes trabajan y circulan diariamente por el sector. Carnes frescas, preparaciones sencillas y precios accesibles forman parte de una fórmula que, según su fundador, busca responder a las necesidades reales de sus clientes.
“La carne es fresca y es carne, no es nada congelado”, enfatiza Nibaldo, quien además destaca que parte de sus productos son adquiridos en comercios del mismo sector.

La lógica se extiende incluso a la bebida. En lugar de ofrecer únicamente formatos que pueden resultar más caros para algunos clientes, incorporó la opción de servir vasos individuales.
“Muchos no tienen una luca, mil dos por una lata. Entonces, un vasito igual salva”, comenta.
El resultado es un negocio diseñado alrededor de una idea concreta: darle a la gente la posibilidad de comer algo sabroso, rápido y a un precio que pueda pagar.
Con el paso de los años, la relación entre quienes trabajan en el lugar y quienes diariamente pasan por la esquina se ha transformado en un vínculo mucho más cercano. Vecinos, trabajadores y comerciantes se reconocen, conversan y comparten una rutina que ya forma parte de la identidad del sector.
“Siempre trato de, por más que venga mal un día, dar la vuelta y recibir a la gente con una sonrisa, un buenos días”, relata Nibaldo.
Su filosofía de atención es simple: cercanía, buen humor y trato directo.
“Jamás, jamás está enojado, siempre hay un chiste, una talla, buena onda. Entonces eso como que terminái siendo familia con la gente”, dice.
La dinámica también tiene un efecto económico que va más allá de su propio negocio. Nibaldo compra insumos a otros comerciantes del sector y, al mismo tiempo, consume servicios de otros trabajadores. La carnicería, los proveedores, los talleres y los distintos comercios forman parte de una cadena en la que cada actividad termina beneficiando a otra.
“Es una cadena, po. Yo le compro a la carnicería, le compro los plásticos. Yo también tengo auto, entonces digo: ‘arréglame esta cuestión’. Una mano lava a la otra. Así funciona”, explica.
Lo que comenzó como una alternativa para enfrentar la falta de empleo terminó convirtiéndose en un trabajo permanente y en el sustento de una familia.
Durante los primeros años, Nibaldo contó con el apoyo de su madre. Posteriormente se incorporó su tía y, actualmente, son tres las personas que trabajan en el lugar.
Para él, esa evolución demuestra que detrás de un pequeño puesto de comida existe mucho más que una actividad informal: hay inversión, esfuerzo, tiempo y familias que dependen de que el negocio pueda continuar.
“Esto se volvió mi trabajo. Yo vivo de esto. Y ahora le doy trabajo a dos personas más”, señala.
Es precisamente ahí donde aparece uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente: la posibilidad de avanzar hacia una operación completamente formalizada.
“No quiero trabajar escondido; quiero trabajar tranquilo”

Nibaldo reconoce que trabajar en la calle muchas veces genera prejuicios. Sin embargo, plantea que detrás de cada emprendimiento existe una realidad que merece ser evaluada antes de ser descartada.
Su aspiración no es evitar las reglas, sino poder cumplirlas.
“Yo simplemente quiero tener la posibilidad de trabajar tranquilo, sin que venga la autoridad y te diga: ‘¿Por qué estás acá?’. Que te den la chance de evaluarte y decirte: ‘Mira, viejo, te falta esto para que puedas hacerlo. Hagamos esto’”, plantea.
Su petición, insiste, no apunta a obtener privilegios, sino a contar con una ruta clara para avanzar.
“Yo he tratado de hacer las cosas bien hasta donde me lo permite, porque todos los otros permisos tienen que ver con la municipalidad y hasta ahí llego. Pero yo sigo dando boleta. Si se puede avanzar más, en algún momento vamos a hacer contrato para que sea todo más legal”, afirma.
Para el emprendedor, la incertidumbre de no saber si podrá continuar trabajando representa una preocupación permanente. No solo por él, sino por las personas que dependen de este empleo y por una inversión construida durante años.
“Hay una inversión, hay una familia atrás. Es fome estar aquí y que de un día para otro vengan y digan: ‘Ya no podís estar’”, sostiene.
Además, destaca que comienza su jornada muy temprano, atendiendo a trabajadores y personas que circulan por el sector desde primeras horas de la mañana.
“A las seis y media estoy armando. Le doy desayuno a los locatarios, al público flotante. Ayudái al entorno, a la comunidad en sí”, relata.
Para él, ese vínculo cotidiano demuestra que estos pequeños negocios también cumplen una función dentro de la vida de los barrios: generan actividad, trabajo, circulación y relaciones entre quienes comparten diariamente un mismo espacio.
Ahora, el siguiente paso es lograr que ese esfuerzo pueda consolidarse.
Nibaldo no pide que se ignore la normativa. Pide que exista la posibilidad de conocerla, cumplirla y avanzar hacia la formalización.
“Yo no quiero nada escondido. Quiero trabajar tranquilo”, resume.
Mientras espera que esa oportunidad llegue, La Picá continúa funcionando en la esquina de Las Tarrias con Carreras Pinto, en Rancagua, frente a la carnicería San Sebastián y junto a San Ignacio.
Y la invitación de su fundador es tan sencilla como la propuesta que dio origen al negocio: acercarse, mirar, probar y conocer.
“Que vengan tranquilos. Aquí no hay nada escondido, está todo a la vista. Que vengan a probar, está todo rico y al precio de todos. Somos todos trabajadores”.
La Picá, donde el Mariano atiende a público del sector y puede ser contactada para consultas en el +56 9 4030 9016. El nombre “Mariano” corresponde al hijo de Nibaldo, quien inspiró el nombre del emprendimiento.
Datos de contacto
📍 Ubicación: Esquina de Las Tarrias con Carreras Pinto, Rancagua
📞 Teléfono: +56 9 4030 9016
🍔 Emprendimiento: La Picá Donde el Mariano
👤 Responsable: Nibaldo Alexander Palma
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