En la tradicional esquina de Bueras con Cuevas, frente a la Plazuela de los Enamorados, vive un comercio que ha resistido el tiempo y las modas. “Vitorio” no es solo una tienda: es un testimonio de esfuerzo, identidad y permanencia en una ciudad que cambia rápido.
Jessica del Carmen Suil Pastene, fundadora de la histórica tienda “Vitorio”, repasa su vida entre telas, fajas y clientas fieles, en una esquina donde el comercio aún conserva alma y memoria.
Por: Exequiel Aleu Monasterio
Hay esquinas que guardan secretos, recuerdos, historias de barrio que no caben en un mapa. La de Bueras con Cuevas es una de ellas. Frente a la Plazuela de los Enamorados —ese punto donde generaciones enteras se dieron cita para pololear, conversar o simplemente mirar la vida pasar— se levanta desde hace casi tres décadas un local que ya es parte del paisaje emocional de Rancagua.
Se llama Vitorio, un nombre que nació del cariño de una madre hacia su hijo Víctor, transformado en italiano “para que luciera bonito”, como cuenta su dueña, Jessica del Carmen Suil Pastene, una mujer que ha construido su vida entre telas, modeladores, fajas, sostenes y miles de historias cruzadas con sus clientas.
Durante 28 años, Jessica ha estado ahí, firme, presente, cuidando un espacio al que llegó movida por la necesidad de independizarse y por la convicción sencilla y poderosa de que ella también podía emprender.
Y lo hizo. Y se mantuvo. Y se convirtió en referente.

La tienda que viste lo que nadie más tiene
En un mercado cada vez más homogeneizado, Vitorio conserva un tesoro difícil de encontrar: tallas reales, modelos difíciles, calidad americana y europea, y ese conocimiento casi artesanal de saber qué necesita cada cuerpo.
Jessica lo explica con esa transparencia propia del comerciante de barrio:
“Tengo de todo: modeladores, fajas con y sin pierna, sostenes grandes, tallas especiales, calzones push-up, carteras, vestidos, blusas… de todo un poquito para que cada mujer encuentre lo suyo”.

En su local conviven prendas nuevas y ropa americana impecable, seleccionada, de esa calidad que las clientas fieles reconocen y buscan. Porque si algo se ha derrumbado con el tiempo, es el prejuicio hacia la ropa reciclada. Hoy forma parte del ahorro inteligente y del consumo responsable.

El fenómeno del push-up y la nueva cultura corporal
Jessica sabe leer el tiempo y las modas. Y lo dice sin vueltas:
“Ahora andan buscando el calzón push-up… porque quieren más popín”, comenta entre risas, consciente de que los nuevos referentes corporales han cambiado el mercado completo.
Los valores son accesibles, pensados para que cualquiera pueda darse un gusto o resolver una necesidad sin gastar de más. Y sí: hay repuestos, versiones dobles y opciones nuevas y recicladas.
Un local que también se renueva
Después de 28 años, Vitorio también se prepara para un cambio estético. Pintura nueva, arreglos en pisos y ventanas, una entrada más luminosa. No por vanidad, sino porque Jessica sabe que el comercio moderno también entra por la mirada.

El testimonio que confirma la historia
Entre las clientas que pasan cada día, Natalia Elizabeth Rubio Fuentes lo resume mejor que cualquier periodista: “La ropa dura muchísimo. La calidad es buenísima. Yo lo recomiendo mil por ciento”.
Y así es. No es publicidad. Es fidelidad.

Una vida completa entregada al barrio
Jessica vive en el centro, a pasos de su tienda. Su vida, lo dice con una pausa larga y honesta, ha sido este local. “Aquí estoy hasta que Dios quiera”, afirma con esa mezcla de fuerza y humildad tan propia del comerciante rancagüino.
La invitación
Desde las tallas pequeñas hasta las especiales, desde las lolas que buscan corsetería moderna hasta las mujeres que necesitan soporte real y calidad, Vitorio es un lugar para todas.
📍 Bueras con Cuevas, frente a la Plazuela de los Enamorados de Rancagua
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